Fernando Ónega
Opinión

Que no me llamen Fernanda

Fernando Ónega
Fernando Ónega

Una de dos: o tengo una enfermedad de esas que llaman sociales o me he quedado más antiguo que la pana. Es decir, no sé si tengo que pasar por el siquiatra o hacer un curso de “Aprenda modernidad en siete días”. Les cuento por qué: jamás se me ocurrió que Caperucita Roja fuese una exaltación del machismo. Jamás entendí que La Bella Durmiente denigrase a la mujer. Y jamás creí que, al ser tres los cerditos, violasen las normas de paridad. Pero la cosa se agrava al saber que ya hay libros que sustituyen a Sant Jordi por Santa Jordina. Y así, hasta 200 libros son vetados en una escuela pública de Barcelona. Respeto el criterio. Valoro el cambio de sexo de Sant Jordi. Pero, mientras voy al siquiatra, aviso: a mí que no me llamen Fernanda. Que no me lo llamen, que lo veo venir.